Aproximadamente un 34% de la población infantil tiene algún tipo de disfuncionalidad visual, según los datos aportados por el Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas (CGCOO). En el caso de los niños con síndrome de Down, el porcentaje asciende al 60%. Los errores en la vista son dolencias habituales en los niños, y son más frecuentes en los que tienen síndrome de Down por la alteración cromosómica. Se ha demostrado que la trisomía 21 tiene efectos sobre el ojo en desarrollo que implican que la evolución del sistema visual sea diferente.

 

La pérdida de transparencia del cristalino —la lente natural que tenemos dentro del ojo y que nos permite enfocar objetos—, las conocidas cataratas, es la afección más común, pues las padecen el 86% del colectivo. En algunos casos, como en los recién nacidos, son cataratas totales y pueden llegar a comprometer seriamente la visión por lo que requerirán de una cirugía a corto plazo. Durante la infancia es usual que se manifiesten cataratas corticales o polares anteriores o posteriores. El compromiso visual en esta circunstancia normalmente es leve y, por tanto, no será necesario operarlas con urgencia durante la infancia.

 

El estrabismo u otros movimientos oculares, cuando los menores tienen uno u ambos ojos desviados en el eje horizontal, tanto hacia dentro como hacia fuera, son otros de los problemas visuales más frecuentes. Con el estrabismo hay que ser especialmente precavidos y estar atentos, pues es una anomalía que puede desembocar en otra, el ojo vago, y esta habrá que atenderla cuanto antes ya que no tiene solución en la edad adulta.

 

La probabilidad de que en la niñez se diagnostique queratocono a un bebé con síndrome de Down es alta. Es una enfermedad degenerativa que afecta a la córnea y produce cambios perceptivos y, como resultado, se origina una vista debilitada y borrosa, principalmente en horas de poca luz. Por esto último, uno de los síntomas más reconocibles de la enfermedad es la hipersensibilidad de los ojos a la luz. Las diferentes alteraciones del conducto lagrimal, tales como secreciones y lagrimeo frecuente, son también disfuncionalidades visuales comunes en estos niños.

 

Una intervención temprana es crucial. Las revisiones periódicas y los exámenes visuales optométricos y oftalmológicos en estos pacientes deben realizarse de forma periódica para comprobar si aparecen o no anomalías en los ojos y, por ende, en la vista. Estos reconocimientos permiten abordar prematuramente cualquier déficit con el objetivo de poder corregirlo o atenuarlo para que los niños con síndrome de Down gocen de una salud visual óptima y con garantías para que cualquier problema visual no interfiera en su integración social.

 

Desde Down Málaga recomendamos realizar la primera consulta al especialista durante los primeros tres meses de vida. Especialmente para descartar la presencia de una catarata congénita, que en la mayoría de las ocasiones requiere una actuación inmediata. A partir de ese momento, la actuación de los padres es crucial para detectar otros problemas oftalmológicos. Si no se aprecian otras alteraciones, la siguiente visita se debe realizar a los dos años y medio y posteriormente con periodicidad anual.